10.06.2005

GLU GLU

Entro en el vestuario. Madre mía cuanto culo al aire. Pronto asoma el mío también. Me cambio en siete coma dos segundos y bajo las escaleras.
Al pasar las puertas de cristal me invade ese olor a agua y plástico que me recuerda siempre a cuando era niña. No hay demasiada gente, lo cual es un privilegio. Supongo que la gente hizo propósito de enmienda en septiembre y en octubre ya se les han olvidado a todos los buenos propósitos.
Meto un pie. Coño, que frío, ¡y ahí fuera pone climatizada! Bah, me digo, esto es una mierda cuando te has bañado toda tu vida en el Atlántico.
Meto todo el cuerpo menos la cabeza. Me coloco las gafas. Me da la risa un poco. Pero estoy sola y no me puedo reír agusto de mi misma, así que me río por dentro. Ya estoy lista. Espero que el gorro no se me salga.

Y entonces meto la cabeza y empiezo a nadar. Y el sonido adquiere otra dimensión. Y mi cuerpo otro espacio y otro tiempo. Y levanto un brazo y muevo una pierna. Y se me olvida que día es hoy, donde estoy, que hora es, lo de mañana, todo. Desaparece todo lo que me rodea constantemente, a todas horas. Y sólo estoy yo, y no hay preocupaciones, ni prisas, ni obligaciones, ni dilemas. Todo encaja, porque nada existe salvo yo y el agua.

Pero todo tiene un final. Y yo muy poca resistencia después de un par de meses sin nadar, y de unos cuantos cigarrillos de más.
Subo las escaleras, y escucho las voces con reverberación. Y tengo frío, y subo y me seco y me cambio y enciendo el móvil y salgo a la calle y ya está la vida, que estaba esperando otra vez a que pase a recogerla al salir de agua.

Y duermo toda la noche como un bebé.

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